Siempre hay una primera vez

Y hoy es la mía como blogger. Me parece que estoy emprendiendo una aventura. Como si de pronto abriera una puerta para que corriera el aire por mi casa. Para ventilar el pensamiento y compartirlo con la gente.

El título lo explica casi todo. Escritos y escrits, porque esta bitácora es, como mínimo, bilingüe, como yo. (Im)prescindibles porque todo puede ser revisado y olvidado, pero no por ello es menos válido. El pensamiento y la palabra son fugaces, por eso escribimos. Aprendemos en cada nuevo paso, con cada nueva página revisamos todas las anteriores. La búsqueda de trascendencia oculta algo de fatuidad, pero es bueno anotar las preguntas que nos hacemos y las respuestas que nos damos en un momento concreto, para no dar vueltas permanentemente sobre nosotros mismos y sobre nuestra propia trivialidad.

Hechas las presentaciones, dejo constancia de mi horror de hoy: la muerte en el Sudeste asiático —127.000 personas, quizás muchos miles más— y el silencio de las víctimas. Llevo muchos años metida en esto y sé cómo funciona, pero ese silencio me sigue aterrando. Ya sé que los muertos no hablan, pero tampoco son fáciles de oir las voces de quienes les lloran, salvo si son turistas blancos. Y, sin embargo, a las 48 horas del desastre se oía graznar a los buitres mediáticos desde los editoriales de la gran prensa internacional: “Es ayuda per también es imagen” graznaba el buitre del New York Times, recomendando a Bush que aprovechara la oportunidad de hacer frente, “con acciones y no con palabras, a la percepción que han creado sus primeros cuatro años de que para él sólo existen los Estados Unidos”. Desde luego, todo un ejemplo de compromiso ético con la víctimas, tanto de parte del consejero mediático como del gobierno tan sabiamente amonestado. Tampoco es que en Europa le vayan a la zaga e incluso se diría que los franceses son más crudos y directos: “Tanto ayudo, tanto cuento” le recordaba Le Figaro a su gobierno, advirtiéndole que la ayuda es también “un gesto diplomático, una afirmación política”.

Todo esto lo sé porque lo leí en El Periódoco de Catalunya (al César lo que es del César). Y no sé si me indigna más saber que los diplomáticos y los políticos hacen este tipo de valoraciones (que las hacen), como que los periodistas más “listos” se dediquen a aconsejarles sobre cómo sacar de la desgracia ajena buena “tajada política”. No es exactamente lo mismo reconocer públicamente que la bondad da buena imagen que decirle al mandatario de turno “si quieres tener buena imagen no la pifies en tus acciones bondadosas“. Si yo veo la diferencia, el editorialista del NYT también ¿no?

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