Una altra lletra

M’agrada Els segadors. M’emociona, em fa humitejar els ulls i em posa un nus a la gola. Els meus amics d’altres llocs d’Espanya (jo em sento també espanyola, què voleu que hi faci) i els meus propis fills no ho entenen. No entenen, per exemple, que jo em senti orgullosa que els nostres diputats es posessin dempeus i cantessin Els segadors després d’aprovar el nou Estatut, fa poc més de dos anys. El Chema estava escandalitzat. (Jo, com ell, tampoc puc imaginar-me els membres del Parlament espanyol drets cantant l’himne espanyol, però segurament per raons ben diferents a les seves, però ja m’agradaria que Espanya tingués un himne que jo pugués sentir meu i no d’aquells).

Seguint amb Els segadors, he de reconèixer, tanmateix, que no m’agrada massa la seva lletra, perquè és una lletra de guerra. És a dir, en certa manera sí m’agrada, perquè de vegades la gent ha de lluitar. No defenso la guerra. No crec en la noblesa de la mort, ni en la seva èpica. Crec en la noblesa de la vida, i de les vides que són capaces de donar-se per salvar-ne d’altres; però no hi ha cap noblesa en morir, si la vida que dones no s’ho val. Cap vida miserable es redimeix per una mort noble, èpica. Però, de vegades, cal lluitar, i la lluita ha de tenir els seus himnes. Tanmateix hi ha lluites callades que el nostre himne hauria també d’honorar. De vegades cal esmolar la falç just i prou per segar el blat.

Sóc una mala poetessa, així que no pretenc haver fet una bona lletra. Però intentar-ho em sembla una millor manera celebrar la festa nacional del meu país que anar a escoltar discursos o penjar senyeres.

Catalunya triomfant,
terra rica i generosa,
roca ferma, cor obert,
aixopluc dels qui la honoren.

Bon cop de falç!
Seguem el blat
i honorem nostra terra.
Bon cop de falç!

Caminem junts endavant
aplegant els nostres somnis.
Units plantem les llavors,
foragitem els dimonis.

Bon cop de falç!
Seguem el blat
i honorem nostra terra.
Bon cop de falç!

En la guerra som valents;
en la pau som coratjosos;
fidels som sempre amb l’amic;
amb l’enemic, generosos.

Bon cop de falç!
Seguem el blat
i honorem nostra terra.
Bon cop de falç!

Hi ha pells de tots els colors,
i l’enyor de moltes terres,
però compartim un sol cor
i l’amor per una llengua.

Bon cop de falç!
Seguem el blat
i honorem nostra terra.
Bon cop de falç!

Els poetes van bastir
l’ànima del nostre poble,
i la suor del treball
fa la nostra pàtria noble.

Bon cop de falç!
Collim el blat
i honorem nostra terra.
Bon cop de falç!

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One thought on “Una altra lletra

  1. El análisis de los cambios habidos en el concepto de España como nación y en la identidad española atrajeron con tanta fuerza a los profesores Sebastian Balfour, británico, y Alejandro Quiroga, español, que decidieron ponerse manos a la obra. Juntos han escrito España reinventada (Ediciones Península). Sus páginas recogen lúcidas aportaciones de ambos a un debate en ocasiones crispado y a menudo apasionante. Es un libro que ayuda a comprender las tensiones inevitables entre el centro y la periferia.–El nacionalismo español estuvo oculto y ahora se exhibe.–Los conservadores, que tenían una idea muy marcada del nacionalismo tradicional, tuvieron la oportunidad de desarrollar un nuevo discurso nacionalista más democrático a partir de personas como Manuel Azaña. Pero tardaron mucho en hacerlo, hasta los 90 y de modo teórico, manteniendo el residuo de un viejo nacionalismo rancio, de españolismo, que pervive en el PP. Todavía hay mucha ambigüedad en el discurso de la derecha democrática en España.–También asistimos al resurgimiento de otros nacionalismos.–Opino que todos los nacionalismos son compatibles dentro del Estado. Como se vio en la Segunda República. El nacionalismo español no tiene que negar la posibilidad de otros nacionalismos, de otras naciones, dentro del Estado español.–¿Nacionalismos simultáneos?–Si vemos el resultado de los sondeos sobre identidad, lo más común es la doble o la triple identidad. El nacionalismo exclusivo es cuestión de las élites políticas, no de la gente de a pie cuando se le pregunta si se siente en alguna medida catalana, española y europea. Con la globalización, con la movilidad social, las identidades se están abriendo a otras posibilidades.–Comienza una nueva etapa.–Hay latinoamericanos catalanes, marroquís catalanes. Estamos en una etapa posnacional en muchos lugares, en donde la nación entendida a partir de una narrativa histórica tradicional ya no encaja con las identidades de las personas y con sus expectativas.–Estamos ante una revitalización del nacionalismo español que no es en absoluto ajena a determinados intereses electorales.–Esa ha sido un poco la tónica. Los partidos con posibilidad de poder actúan según una selección de lo que pueda servirles electoralmente. Y el PP ha escogido esa estrategia, que yo considero que es muy negativa. Entre otras cosas porque en Catalunya refuerza una tendencia hacia el nacionalismo catalán en vez del catalanismo político, que es claramente la tradición.–¿A qué atribuye que el PP se resista a condenar el franquismo?–En 1977, la derecha tuvo la oportunidad de modificar su discurso, pero no lo hizo. Era el momento de crear un nuevo discurso democrático vinculado con las democracias anteriores a la Segunda República.–¿El nacionalismo catalán se reforzó a raíz del fracaso de la URSS?–Esa fue la tónica en muchos países de Europa, también en Italia. Ese tránsito tuvo dos aspectos. El ideológico, porque el fin de un dogmatismo muchas veces da paso a otro dogmatismo. Y el estructural.–Siga.–La desindustrialización dejó a muchos trabajadores comunistas sin el amparo de la clase obrera, y a menudo se convirtieron en trabajadores autónomos. Con el cambio, se modifican los intereses porque se defienden los propios y eso deriva en el tránsito hacia el neoliberalismo.–¿Y cuándo cambian los intelectuales, los profesionales liberales?–Entonces, porque responde solo a connotaciones ideológicas. Supone agarrarse a otro dogmatismo porque es importante para la identidad. Desde unas verdades incuestionables es difícil abrirse a la relatividad.–Que el motor de la economía se engrase en Madrid en detrimento de Catalunya produce desapego.–Creo que la economía catalana no puede distinguirse de la economía española. A pesar de la campaña del PP contra los productos catalanes, en realidad los intereses económicos están muy entrelazados. El desplazamiento no ha sido tanto económico como político. Pero, en todo caso, la influencia de ciudades y regiones como Madrid y Valencia, con una fuerte presencia conservadora, ha animado al desapego de muchos catalanes hacia el resto de España; hacia Madrid como símbolo de esa España.–¿Se trata de convertir a España?–Es dificilísimo. Opino que hay varios escenarios de cambio por el retorno a la idea de una España plurinacional, desde el problema que creó el café para todos. Hasta cierto punto, la Segunda República tenía bien planteado el reconocimiento de esa plurinacionalidad. Con el café para todos se entró en una dinámica de federalismo competitivo, basado en el agravio comparativo. La reforma del Senado, según el modelo del alemán Bundesrat, sería un escenario realmente muy adecuado.

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