Objectius del Mil·lenni

Estic molt contenta, perquè acabo de rebre els primers exemplars del llibre que he escrit, conjuntament amb Xavier Masllorens, sobre els Objectius de Desenvolupament del Mil·lenni, un conjunt de compromisos de la comunitat internacional per reduir dràsticament la pobresa abans del 2015 i que, com diem en la nostra obra, seran la referència per mesurar fins a quin punt la societat i els Governs ens prenem seriosament la justícia i la solidaritat.

Escriure aquest llibre —i estudiar, per fer-ho, l’estat de la qüestió en les polítiques a favor de la igualtat entre sexes, en la lluita contra la sida, en les mesures per reduir la mortalitat materna, en la condonació del deute o en la reforma del comerç internacional— ha resultat una tasca molt enriquidora, i m’ha servit per reforçar les meves conviccions i el meu convenciment que la tasca que es fa des de les organitzacions de la societat civil és molt important i útil, i que ho serà encara més en el futur, per exigir a les institucions polítiques, a les empreses i a les persones amb capacitat de decisió que compleixin les seves responsabilitats en relació a la lluita contra la pobresa i el desenvolupament social.

I no es tracta de donar diners i mirar cap a l’altra banda, i seguir fent el de sempre. Els problemes que acara el món (el canvi climàtic, la injustícia en el repartiment dels recursos, la violència contra les dones i la seva marginació de les instàncies de poder i de decisió, l’extensió de la sida…) no se solucionaran només amb més ajuts econòmics —però tampoc sense augmentar les dotacions adreçades a millorar la situació dels més vulnerables. Els canvis es produiran amb una justa combinació de recursos, mesures polítiques i canvis en les actituds i valors socials i individuals.

Formalment, l’aprovació de la Declaració del Mil·lenni, l’any 2000, i la formulació dels vuit objectius que s’hi vinculen, són un pas en aquesta línia, un canvi de paradigma respecte a la pobresa de la comunitat internacional. Per desgràcia, les actituds ultraconservadores i extremistes d’alguns països han anat en la direcció contrària al que es necessita.

Als dos autors d’aquest llibre ens agradaria pensar que estendre el coneixement dels Objectius de Desenvolupament del Mil·lenni, i de la transcendència de la seva contribució a la reducció de la pobresa, contriburà de manera efectiva a atènyer aquestes metes. Si més no, confio que trobeu que és una manera distreta de posar-se al dia sobre l’estat del món. Ja m’ho direu.

Sorpresas, pero no tanto

Confieso que me ha sorprendido más que un futbolista tenga opiniones políticas y las exprese públicamente que el hecho que la empresa Kelme haya rescindido el contrato al jugador del Barça Oleguer Presas por expresarlas, sobre todo cuando me he enterado que la empresa es de Alicante y que superó una grave crisis gracias a la aportación de nueve millones de euros del gobierno autonómico (PP) de la Comunidad Valenciana.

No he leído el polémico artículo de Oleguer, pero de las frases entresacadas por varios medios de comunicación (incluido el artículo de Libertad Digital que habla de “apoyo al sanguinario De Juana”), me ha dado la sensación que el jugador plantea más preguntas que respuestas. Puede que mi juicio sea benvolente al entender de algunos, pero no veo por qué debe sorprendernos tanto que alguien se pregunte en voz alta sobre los criterios de unos jueces que permiten la salida de la cárcel por razones de salud de condenados con penas firmes y que no apliquen ese criterio en un caso de prisión preventiva. Sí, ya sé, De Juana ha provocado su propio deterioro físico al declararse en huelga de hambre y eso es, para algunos, un “chantaje” al Estado que no puede tolerarse. Pero tampoco es tolerable que un juez descalifique e insulte a otro por sus ideas políticas y eso mismo es lo que acaba de pasar en el Tribunal Constitucional. Pero pasa que en este país la (in)tolerancia se ha convertido en una arma arrojadiza.

Lo cierto es que la vida política espñola se ha convertido en una especie de vomitivo reality show en el que se grita, se insulta, se hacen juicios morales de corte inquisitorial, y todo el mundo (incluidos los jueces) están más pendientes de la opinión pública que de sus principios. Porque, recordémoslo, De Juana Chaos es un terrorista, pero su encarcelamiento actual se debe a un delito de opinión (unos artículos de prensa) y si muere en la cárcel a causa de esta huelga de hambre tengo la sensación que será como hacer caminar a nuestro tan mentado y dolorido Estado de derecho descalzo por un camino sembrado de cristales rotos.

De mi infancia católica recuerdo aquello de “pecar de pensamiento, palabra y obra”, pero no creo que la progresiva demonización del pensamiento disidente promovida desde la derecha vaya a hacerle ningun bien a este país. Yo no soy independentista, ni siquiera estoy muy segura de ser nacionalista, tal como ese término se suele entender, pero sí defiendo el derecho de todo el mundo a pensar lo que le dé la gana sobre política mientras respete la reglas del juego democrático y con sus actos no vulnere ni la ley ni los derechos básicos de todas las personas.

De las palabras… de las palabras hay que hablar mucho: ¿dónde empieza y dónde termina la apología del terrorismo? Volviendo al caso de Oleguer, ¿se es proetarra si se cuestiona el encarcelamiento de De Juana? ¿no es también auténtico terrorismo periodístico (practicado sin pudor por Libertad Digital) poner en la misma línea de pensamiento político las cuestiones que Oleguer se plantea sobre el etarra y su conocida postura a favor de las selecciones deportivas catalanas? No hay nada más peligroso que un mundo en blanco y negro (o conmigo o contra mí) en el que unos cuantos se empeñan en convertir España. Y para hacerlo, además, se recurre a un mercadeo de palabras que empieza a alcanzar cotas inauditas (¿también intolerables?).

Que la mayoría de grupos parlamentarios rechacen la discusión de unas propuestas del PP (que, de todos modos, fueron incluidas en el orden del día de la Cámara y ampliamente publicitadas por la prensa) es calificado por este partido de “estalinista” y de “maniobra inédita en democracia”, lo que resulta, cuando menos, una falta de respeto a los millones de personas que sí sufrieron la represión de Stalin, y probablemente también una falsedad, porque es difícil de creer que en democracias de larga trayectoria como la inglesa o la francesa no haya precedentes de mociones no discutidas por decisión de la mayoría de fuerzas parlamentarias. Pero ahí queda la frase, alimentando el victimismo de los votantes de derechas, que escriben y proclaman en blogs y debates públicos que se está degradando la democracia (cosa que probablemente es cierta, porque las mentiras y el maquillaje de las palabras tienen ese pernicioso efecto).

Hoy, además, Aznar ha reconocido que, por fin, sabe que no hay armas de destrucción masiva en Iraq. O como presidente fue un necio, o como ex presidente es un cínico. Y es difícil decir cuál de las dos cosas es peor.

El tren de la bruja

Leo estos días Don’t shoot the clowns, la experiencia de un grupo de payasos que trabajó en Iraq durante la guerra —esto es, la invasión norteamericana— intentando rescatar del fondo del alma y el corazón de los niños, las mujeres y los hombres de aquel país lo que ni un embargo ni los bombardeos habían conseguido matar: su capacidad de reir. Narra la historia la abogada, promotora y, ocasionalmente, miembro de la troupe Jo Wilding, que viajo por primera vez a Iraq en agosto de 2001, como otros activistas que querían protestar con ese acto por el boicot impuesto durante diez años por la ONU, que tan crueles consecuencias humanas estaba teniendo.

Mientras yo me reía y me impresionaba con esta obra llena de ironía y espíritu combativo, las bombas empezaron a caer sobre Beirut. Israel ha puesto en marcha un capítulo más de esta “guerra contra el terrorismo” con la que los gobernantes de este desgobierno quieren justificar sus desmanes y sus fracasos: su incapacidad de tender y mantener puentes de diálogo; su incapacidad de trabajar, unos y otros, por la justícia en vez de por la venganza; la corrupción; el desafuero de una industria armamentística enloquecida que crece como un tumor maligno; los prejuicios convertidos en ideología política; la hipocresía; el interés de unos pocos por encima de los derechos de muchos… Afaganistán, Iraq, Líbano…

¿Se imaginan que España bombardeara Hendaya porque descubre que por allí se esconden etarras? Y que la respuesta de los estrategas de Zapatero a la propuesta fuera algo así como “dale a la antena de teléfono, que así los aislamos, y apunta para que el misil caiga entre la escuela y el hospital”. Ya sé, estas cosas no hay que imaginarlas antes de irse de vacaciones, que pueden producir pesadillas, pero… ¿puede una temer pasadilla mayor que esta realidad que lleva tres semanas golpeándonos las sienes?

Ya no nos hace falta ir a la feria a asustarnos un poco con el tren de la bruja. Basta con encender la TV. Y ¿sabéis?, me importa un rábano quien tenga la razón. Igual resulta que sí, que si lo pienso bien yo también creo que las comunidades tienen derecho a defenderse, en primera instancia de todos aquellos gobernantes o líderes que les llevan a la guerra. Los israelíes tienen derecho a defenderse de Olmert y sus colegas, y los libaneses y palestinos tienen derecho a defenderse de Hezbolá y de su lógica salvaje. No me creo a nadie que diga “no nos dejaron otro remedio”: por cada reacción violenta hay siempre una iniciativa pacífica, hay otro camino distinto a las bombas, distinto a la vocación de muerte que parece emborrachar a algunos.

Me voy de vacaciones, alegre por los días que me esperan pero triste por tanto dolor y tantos agresores impunes. Abro mi libro sobre esa troupe de payasos perdidos en una guerra y me encuentro frente a frente con la sonrisa de Tekoshin, una bonita niña de ocho años cuyo nombre significa resistencia, aquello que los enseñoreados amos del mundo no entienden que provocan cuanto más hacen por destruirla. ‘Resistid’, tenemos ganas de gritarles a los libaneses. ‘Resistid’ les gritaríamos a la víctimas de Hezbolá. Resistid en la paz, sin devolver el golpe. Resistid y quizás así la razón acabe emergiendo en este mar proceloso.

ATTAC

Acabo de leer en El País que la organización ATTAC (Asociación por una Tasa sobre las Transacciones especulativas para Ayuda a los Ciudadanos) está en crisis. Pero quizás no es correcto llamarla organización, ya que ahí parece que radica el problema: las últimas elecciones, de las que debía emerger la nueva dirección del colectivo, han sido una confrontación entre los que quieren para ATTAC una estructura organizativa más rígida y quienes defienden su carácter de movimiento social abierto, de plataforma desde la que colectivos e individualidades (éste es otro de los puntos en cuestión, al parecer) puedan seguir proponiendo alternativas al actual modelo de globalización.

A uno y otro lado de la polémica —en candidaturas opuestas— están dos de los referentes intelectuales de ATTAC, Susan George, politóloga y autora del reconocido Informe Lugano, y Bernard Cassen, periodista que ha ocupado distintos cargos en Le Monde Diplomatique. Por mor de mi anterior ocupación profesional he tenido ocasión de tratarles a ambos (la versión española del Informe Lugano y la última obra de George, Otro mundo es posible, si…, han sido publicadas por Intermón Oxfam, cuyo gabinete de prensa dirigí durante 11 años, y con Cassen coincidí en Roma, en una jornada de trabajo de intelectuales y ONG internacionales con el comité organizador del Foro Social Mundial) y ante ambos tuve la impresión de encontrarme ante personalidades poderosísimas de distinta naturaleza. Todo lo que en George es rigor y análisis —tan fría hacia los datos como apasionada expresando sus convicciones— en Cassen es elocuencia, no exenta a veces de lugares comunes. Con George, una tiene la impresión de estar ante una intelectual que se esfuerza por hacer que sus ideas “bajen” del púlpito profesoral y lleguen a quien la escucha, mientras que Cassen es un populista que se siente miembro destacado de la élite.

Con seguridad, estas impresiones personales no valen nada para juzgar lo que se está debatiendo en ATTAC, que coincide con la disyuntiva que tienen ante sí todos los movimientos y grupos que se quieren alternativos al sistema: es decir, dotarse de una estructura organizativa más rígida que permita canalizar la fuerza de las bases, mediante mecanismos claros de representatividad, y convertirla en poder (esto es, convertirla en una entidad política reconocida como tal y con capacidad de diálogo e incidencia frente a otras entidades políticas) o, en el otro extremo, apostar por una plataforma abierta para la expresión de ideas y la puesta en marcha de acciones, donde puede tener la misma fuerza un sindicato con 5.000 militantes que un individuo avalado por sus escritos y reflexiones.

Es, en definitiva, la confrontación entre aparato e ideología que subyace en el mundo de la política desde que la Revolución Francesa decapitó a Dios —es decir, al rey de Francia que lo era por la gracia divina— y en lugar de sobrevenir el Apocalipsis, nació la soberanía del pueblo.

Bromas aparte, no es extraño que Jacques Nikonoff, presidente de ATTAC-Francia y procedente del Partido Comunista francés, esté con Cassen en el sector que defiende una organización más estructurada. Como no es extraño que una intelectual y universitaria como George, cuyo prestigio radica en sus libros, sus escritos, sus aportaciones individuales a un movimiento que es colectivo pero no unitario, vea un peligro en ese desplazarse de ATTAC hacia los modelos de los partidos tradicionales.

Algunos hablan también de crisis de crecimiento, pero la extensión de un movimiento, el surgimiento de comités aquí y allí (más de 200 en Francia, 13 en España) sólo es un problema y precisa estructuras que lo canalicen cuando ese crecimiento se quiere usar desde el centro con un objetivo concreto, como parece ser ahora, según la prensa, el apoyo a la candidatura a la presidencia de la República Francesa de José Bové.

No deja de ser curioso que Nikonoff les reproche a los utopistas que quieran “transformar ATTAC en un foro social permanente”, porque eso es, ni más ni menos, lo que yo creía que quería ser esta asociación. Me daba la impresión que eso era lo que la hacía atractiva para sus militantes: la posibilidad del debate permanente, sin el encorsetamiento ni los movimientos amagados que provocan en otro tipo de organizaciones —partidos, sindicatos— las luchas por el poder internas y externas.

Habrá que seguir con detenimiento lo que suceda en ATTAC-Francia a partir de ahora. La primera guerra es la de la información, con Nikonof declarando, en la web del colectivo, su estupor por que las quejas de “irregularidades” se hayan hecho llegar a través de la prensa, cuando según el periódico Libération la misma noche de la Asamblea General de ATTAC-Francia en Rennes un miembro de la candidatura alternativa a la oficial ya denunció ante todos los asistentes la manipulación del voto por correo. El tándem Nikonoff–Cassen y “sus métodos autoritarios” ya fueron responsables, el pasado enero, de la dimisión de Alain Gresh y Dominique Vidal como redactor jefe y redactor jefe adjunto, respectivamente, de Le Monde Diplomatique. Ignacio Ramonet apoyó “a título personal” a los directivos de ATTAC, pero la división ideológica de la redacción del Diplo es importante y corre paralela a la que está amenazando a ATTAC.

Seguiremos alerta.
“Attac aligne ses divisions”, Libération 19-6-2006
“Attac diplomatique à la direction du «Monde diplo»”, Libération 7-1-2006
Declaración de Jacques Nikonoff, Presidente de ATTAC-Francia

Escritos recuperados (2): ONG, medios y poder

Tras más de once años de trabajo en el sector de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), sigo convencida de que su papel en la sociedad actual resulta esencial, con todo y reconocer sus enormes limitaciones. La ONG han catalizado el descontento de la sociedad frente a los partidos tradicionales, que durante las décadas de los ochenta y los noventa parecía sólo preocupados de contentar a los representantes del poder económico, haciendo oídos sordos a muchas de las inquietudes que calaban cada día más hondo en la sociedad. No era sólo un problema de derechas o izquierdas (aunque también), era (es) una cuestión de valores éticos y de la razón ideológica (que no de ideologías) de la política. Bien está que los políticos administren correctamente la cosa pública, pero la política no es sólo administración, es construcción de propuestas, es planear y avanzar cómo queremos que sea el mundo.

Las ONG (no todas, pero sí las más sólidas y mejor asentadas) han puesto sobre la mesa “nuevos” temas, forzando con su capacidad de movilización que se incluyan en la agenda política temas que con frecuencia han desbordado la mirada estrecha de los políticos. Han sido los movimientos sociales (donde hay de todo, no sólo ONG) quienes han puesto el dedo en la llaga del impacto humano de la globalización, mientras los poderes tradicionales parecían sólo ocupados en contentar a los inversores internacionales. Migraciones, devastación del medio ambiente, explotación humana y expoliación de los países más pobres, conflictos armados y violencia urbana, vulneración de los derechos humanos, marginación de la mujer y las minorías étnicas, catástrofes naturals y cambio climático, pobreza, una pobreza intolerable y abyecta que mantiene fuera de la escuela a 100 millones de menores, sin agua potable a 1.000 millones de personas, malviviendo con menos de dos dólares a más de un tercio de la Humanidad.

Y ante esa realidad, que desborda cualquier gesto meramente caritativo, ¿qué hacen las ONG? ¿tienen poder para cambiar las cosas? Ese es el tema de la reflexión que nos planteamos con Ignasi Carreras respondiendo a la invitación de Vanguardia Dossier.

Vanguardia Dossier ¿Cuál es el papel de los gobiernos, las multinacionales, las ONG, el terrorismo, la religión o la opinión pública en la configuración del nuevo mundo? Quince especialistas desvelan las claves.
Peligros y esperanzas

MIQUEL PORTA PERALES A la pregunta que plantea el último Vanguardia Dossier, ¿quién manda en el mundo?, la gente, acertadamente, contestaría que EE.UU., el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, las multinacionales, el neoliberalismo, el capitalismo. Lo que resulta difícil es saber por qué ocurre lo que ocurre y qué límites tiene hoy el poder. Y difícil es percibir el poder de quien aparentemente no lo tiene. El presente dossier responde a todo ello. Dossier que, a modo de valor añadido, levanta acta del estado del mundo en los albores del siglo XXI.
(…)
Como no podía ser de otra manera, el dossier analiza nuevas realidades como el terrorismo y las ONG. Sobre la primera cuestión, Walter Laqueur advierte el peligro de un terrorismo que podría acceder a armas de destrucción masiva.¿Qué hacer? Incrementar la cooperación internacional y educar a la ciudadanía en la cultura de la vigilancia. Thomas Withington incide también en el fenómeno terrorista al señalar que las fuerzas armadas han de repensar su estrategia para hacer frente a un enemigo amorfo e impreciso que no practica la guerra clásica. Las ONG son valoradas positivamente por Ignasi Carreras y Adela Farré, que comparten la idea según la cual estas organizaciones protagonizan el tercero de los ciclos emancipatorios internacionalistas del siglo XX. Los autores concluyen que las ONG son un soft power indispensable para luchar a favor de la justicia y el desarrollo social, y en contra de la acumulación del capital.