Un març enfeinat

Assumir la presidència d’Amics de les Arts i Joventuts Musicals de Terrassa el passat 26 de gener m’ha allunyat més del que hagués volgut d’aquestes pàgines. No només pel temps que m’ocupa aquesta tasca, sinó per la coincidència amb un moment molt carregat de feina en la meva activitat professional.

Des que vaig assumir el càrrec, a més de signar un munt de papers i començar a posar en marxa diversos projectes -com el nou web, per exemple- he hagut d’atendre diversos mitjans de comunicació que s’han interessat especialment en el fet que sóc la primera dona que assumeix la presidència de l’entitat. Tot i que jo no vull que se li dongui una excessiva importància i voldria que se’m jutgés per la meva gestió i no pas pel meu sexe, suposo que és inevitable que el fet cridi l’atenció. Al capdavall, que no n’hi hagi hagut cap dona a la presidència abans no és tan casual. Als estatus fundacionals de Joventuts Musicals (1954) es prohibia explícitament l’accés de les dones als principals càrrecs directius (president, vicepresident i secretari). És cert que en els primers estatuts coneguts d’Amics de les Arts -que es van aprovar, precisament, el 1954- no hi figurava cap clàusula d’aquest tipus, però no és agosarat pensar que aquesta pugués ser si no una “norma implícita” sí una pràctica que hom considerava “normal”.

Curiosament, la fusió d’Amics de les Arts amb la delegació terrassenca de Joventuts Musicals, el 1966, va suposar no només un augment important del nombre de dones en el conjunt de l’entitat, sinó també l’inici de la seva presència en càrrecs directius. Una no pot deixar de pensar que potser als Amics no els calia prohibir l’accés de les dones a certs càrrecs, simplement ni consideraven la seva opció a ser de la directiva. Afortunadament, els temps canvien i ara les dones som majoria a la Junta de l’entitat.

Per una altra banda, des del 5 de març i fins avui ha avançat a tota màquina el 28è Festival Jazz Terrassa on, a més de les responsabilitats protocolàries, l’equip del Club de Jazz em va demanar que fes una conferència dins del cicle amb què han celebrat el 50è aniversari de la creació d’aquesta secció d’Amics de les Arts i Joventuts Musicals. Va ser divertit tornar a revisar tots els vells papers i els records dels temps de la meva incorporació a l’equip del Club de Jazz (1980) i analitzar com ha estat aquest procés de sortida a la llum que ha viscut el jazz a la nostra ciutat, des d’aquell soterrani fosc i humid, però calurosament acollidor que era la Jazz Cava del carrer Sant Quirze fins a aquest fenòmen social que és un festival capaç de reunir 30.000 persones exultants i orgulloses de participar al Pícnic Jazz de Vallparadís, però que s’arrela profundament en la vida de -en els concerts de club- que ofereix la Nova Jazz Cava.

Ahir el Salvador Cardús deia al Diari de Terrassa que ni l’equip del Club de Jazz, ni l’entitat a la que pertany, Amics de les Arts, aprofitem el Pícnic Jazz per fer proselitisme i captar socis i simpatitzants per la nostra música. Deixant a part el fet que sí fem aquestes accions, tot i que passen desapercebudes en el conjunt general, cal reconèixer que és difícil trobar una altra entitat a Terrassa que hagi aconseguit un impacte semblant de la seva proposta cultural, la que sigui.

Ara som, com deia el títol de la meva conferència In the sunny side of the street, en el cantó assoleiat del carrer. I està bé, perquè hi guanya el jazz, hi guanya la cultura i hi guanya la ciutat.

Tendinitis

Una no se da cuenta de todos los músculos que intervienen en un gesto tan sencillo como sacar una sartén del armario hasta que una tendinitis convierte esta memez en un proceso de lo más doloroso. Secarse el pelo, recoger con la escoba las migas que cayeron al cortar el pan, cambiar la marcha mientras conduces tu coche, girar la llave para abrir una puerta… Decenas de gestos cotidianos se convierten en molestas penalidades.

Igual que mi brazo derecho, la economía parece afectada de una dolorosa tendinitis. Leía esta mañana una entrevista con Luis de Sebastián (Diari de Terrassa), en la que el catedrático emérito de ESADE señalaba que el impacto psicológico de la crisis supera y empeora su envergadura real. Explica el economista que, aunque es cierto el aumento del paro, son muchas más las familias que, sin haber visto afectados sus ingresos, han reducido drásticamente su consumo, lo que acaba generando una bola de nieve que empeora la situación. Es como si una extraña tendinitis nos impidiera a todos sacar la cartera del bolsillo, incluso a aquellos que siguen teniendo los mismos recursos que hace un año o dos.

Pero, seguramente, la prevención de la mayoría tampoco sea tan exagerada, si tenemos en cuenta que donde ha fallado el sistema es ahí donde parecía más invulnerable: los bancos y las finanzas, como sector; Estados Unidos como país. Quien más quien menos alberga dudas sobre la solidez y sostenibilidad de sus propios recursos. Si eres empleado, porque tus ingresos futuros dependen de unos gestores que quizás puedan decidir mañana restricciones de plantilla; si tienes tu propio negocio, porque hay incertidumbre sobre la solvencia de los clientes, cuando no problemas reales de impago y reducción efectiva de márgenes y liquidez. Y, es cierto, nos atenaza un pesimismo generalizado que no ayuda a afrontar esos problemas (normales, por otro lado, en la actividad económica) con ánimo y lucidez.

Creo que lo que todos estamos esperando es que alguien nos diga que la crisis ha tocado fondo, que de ahora en adelante las cosas sólo pueden ir a mejor. Pero el mensaje que nos llega no es ese, por lo que nos mantenemos a la espera, prudentes, con las naves recogidas, pendientes de oir el batacazo final (de alguien que esperamos no ser nosotros), para volver a la mar cuando haya escampado. Puede que no sea bueno, pero es razonable.

Estoy emocionada

Estoy emocionada y como millones de personas en todo el mundo, tengo la convicción de haber vivido un día histórico, el de la proclamación de Barak H. Obama como presidente de los Estados Unidos, el primer americano de raza negra que accede a ese cargo, una prueba de que el mundo está cambiando; una demostración de que las palabras, y los dicursos, las leyes y el pensamiento que construimos con ellas cambian cosas; una evidencia de que la política cambia y cambia cosas, quizás más lentamente de lo que querríamos, tan lentamente que deja a miles de víctimas en el camino (mientra Obama leía su gran discurso as las puertas del Capitolio, yo en el tren leía un desolador informe sobre la violencia y la impunidad en Chad, sobre el fracaso de la comunidad internacional en proteger a millones de personas vulnerables y desamparadas), pero las cosas cambian, si te empeñas en ese esfuerzo y si tienes razones y convicción.

Hoy esas mujeres de Chad sobre las que leo y escribo tienen a alguien que podría ser su sobrino, un vecino tal vez, sentado en la cúspide del poder del país más poderoso. Eso no va a evitar seguramente que un puñado de ellas sean violadas mañana, pero quizás evite ese destino a sus hijas, no sólo por lo que Obama puede hacer, sino por lo que podemos hacer todos quienes vemos en él la cristalización de un sueño colectivo, y hoy nos sentimos impulsados a seguir luchando por lo que creemos.

He escogido unas cuantas frases del discurso de Obama que me han gustado. Aquí os las dejo:

Hoy estamos reunidos aquí porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia.
[…]
… hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones […] Porque se han olvidado […] de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor.
[…]
… un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos…
[…]
Recordemos que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y el comunismo no sólo con mísiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas. Comprendieron que nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. Al contrario, sabían que nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención.
[…]
A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño.
[…]
A los habitantes de los países pobres: nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas. Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él.
[…]
La bondad de dar cobijo a un extraño cuando se rompen los diques, la generosidad de los trabajadores que prefieren reducir sus horas antes que ver cómo pierde su empleo un amigo: eso es lo que nos ayuda a sobrellevar los tiempos más difíciles. Es el valor del bombero que sube corriendo por una escalera llena de humo, pero también la voluntad de un padre de cuidar de su hijo; eso es lo que, al final, decide nuestro destino.
[…]
Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras dificultades, recordemos estas palabras eternas. Con esperanza y virtud, afrontemos una vez más las corrientes heladas y soportemos las tormentas que puedan venir. Que los hijos de nuestros hijos puedan decir que, cuando se nos puso a prueba, nos negamos a permitir que se interrumpiera este viaje, no nos dimos la vuelta ni flaqueamos…

El mundo que viene

Más reflexiones sobre los retos que deberá afrontar Obama. Esta vez de mano de Fareed Zakaria, director de Newsweek. Su análisis Estrategia de gran calado, que publica hoy El Periódico, nos advierte que sin un cambio radical en la manera de actuar de Estados Unidos en la arena internacional, todos perderemos. En un mundo global e interconectado, con potencias ascendentes como China e India, y conflictos latentes por el control de las materias primas y la energía y por temas tan básicos como los alimentos y el agua, Estados Unidos ya no puede actuar unilateralmente apoyándose en su poderío militar. Y lo más importante, ya no lo podrá hacer en el futuro.

“Asistimos a un extraño momento de la historia. Una América con más respuestas, mejor sintonizada con el resto del mundo, podría ayudar a crear un nuevo conjunto de ideas e instituciones, una arquitectura de paz para el siglo XXI que aportaría estabilidad, prosperidad y dignidad a las vidas de miles de millones de personas. Dentro de diez años, el mundo habrá avanzado; las potencias ascendentes no estarán ya dispuestas a aceptar una agenda diseñada en Washington, Londres o Bruselas. Pero en este momento y para este hombre en concreto, hay una oportunidad única para utilizar el poder de EEUU para reformar el mundo. Es su momento. Debería hacerse con él.”

Zakaria también advierte sobre las enormes expectativas depositdas en Obama, pero no para recomendar prudencia, o avanzar un pesimismo que nos alivie futuras decepciones, sino para compendiar lo que es inexcusable en la nueva política americana: diálogo con todos, pero en especial con las potencias emergentes en el Oriente mundial; multilateralismo, mediante la reforma de las instituciones disponibles o la creación de otros foros adecuados; atención adecuada tanto a la seguridad como a los problemas blandos, desde el cambio climático a la salud o el hambre, que están en la raiz de tantos conflictos.

Una buena reflexión.

El 2009 de Obama

Abundan estos días en la prensa artículos que compendian, no sin cierto pesimismo y escepticismo, los retos que deberá afrontar Barak Obama cuando tome posesión de su cargo como flamante presidente de los Estados Unidos el próximo 20 de enero. El escepticismo no se basa en la falta de capacidades del político, sino en el exceso de expectativas que varios analistas coinciden en ver puestas sobre él. Así lo señalaba el pasado domingo Paul Kennedy en El País, cuando afirmaba que “el equipo de Barak Obama, por muy listo, experimentado y maravilloso que sea, no puede satisfacer todas las esperanzas que han depositado en él todos esos estadounidenses alegres pero ansiosos” y hoy mismo Miguel Ángel Bastenier nos advertía desde las páginas de ese periódico que la opinión pública internacional, pero sobre todo la europea, “pone el listón tan desconsideradamente alto que el primer problema del entrante será que ninguna mejora llegará tan rápida ni tan dramáticamente como para que el mundo se sienta compensado por lo que deja atrás”.

Bueno es que se pida prudencia respecto a los cambios que todos esperamos que conjure una actitud nueva de Estados Unidos en la arena internacional y otra forma de administrar internamente un país cuyos problemas nos afectan a todos, como ha puesto dolorosament en evidencia la actual crisis econímica. Otra cosa es el pesimismo que surge del análisis de la agenda política que tiene delante Obama, ese “esto es lo que hay” de Kennedy, en el que da por descontado que temas como las relaciones de EEUU con Latinoamérica, África y Europa quedarán relegadas a un segundo plano por los temas urgentes: China, Rusia, el sur de Asia y los países árabes. Como presupone que en este panorama, y ocupado por asuntos internos como la respuesta a la crisis financiera, poco o nada se ocupará de la ONU y de las necesarias reformas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

No es nada descabellado pensar que dar una salida razonable a la ocupación de Iraq o afrontar los problemas de la intervención en Afganistán van a ser las máximas prioridades del nuevo presidente desde su toma de posesión. Y seguramente es cierto, como afirma Paul Kennedy, que Estados Unidos no está en disposición de enviar 250.000 soldados a África durante los próximos 10 años para acabar con los conflictos armados del continente. Pero es que el cambio que, al menos algunos, esperamos de Obama es que deje de pensar en la acción internacional de su país sólo en términos de intervención militar o, como también sugiere Kennedy, en una imposición de reglas comerciales a la medida de sus intereses. No se trata de seguir actuando de una forma prepotente y arrogante pero con unos objetivos más humanitarios que los que haya estado persiguiendo George W. Bush y su Administración. Se trata de cambiar las reglas del juego, incluso de cambiar de juego y, sobre todo, de jugadores.

¿Puede la nueva Administración norteamericana plantear unas nuevas relaciones con Rusia sin construir un nuevo marco de relaciones con Europa y la Unión Europea? ¿Puede Obama dejar en un segundo plano de su política internacional las relaciones con una potencia emergente como Brasil que está asumiendo un claro poder de liderazgo en América Latina? ¿Puede el mundo entero, con Estados Unidos a la cabeza, dar respuesta a conflictos como los de Iraq, Afganistán o Palestina sin reforzar un multilateralismo que podría tener en la ONU un instrumento útil si se emprenden las necesarias reformas? Al fin y al cabo, este organismo podría ser un magnífico foro para ese diálogo con todos que el propio Obama ha declarado que quiere que sea piedra de toque de su política internacional.

El mismo día 26 y también en El País John Carlin recogía unas palabras del comentarista político de The Nation William Greider que parecían dirigidas al análisis de Paul Kennedy. Según Greider, diplomáticos y columnistas son claros ejemplos del sentimiento de “manifiesta superioridad” común a la mayoría de norteamericanos y que les hace sentir “que somos la mejor esperanza para el mundo, de que nuestro papel natural consiste en dirigir el destino del planeta”. Si como espera Greider, y con él medio mundo, Obama es capaz de cambiar esto y dotar la acción internacional de su Gobierno de humildad, además de firmeza, las cosas pueden cambiar bastante (aunque el silencio ante la masacre israelí en Gaza no sea, como se ha apuntado ya, un buen indicio inicial).

El largo y detallado perfil que Carlin traza del presidente electo de Estados Unidos alimenta más si cabe las expectativas, al subrayar la gran seguridad que Obama tiene en sí mismo y en sus convicciones, y su gran capacidad para escuchar y para rodearse de personas más preparadas e incluso más inteligentes que él. Vale, quizás no lo consiga cambiar todo en pocos meses, pero seamos serios, con McCain y Palin habríamos tenido muchas más razones para el escepticismo y aún más para el pesimismo.